jueves, 30 de noviembre de 2017

Moscas.

Octubre solía marcar mi parte favorita del año, la recta final, los días frescos y las ansias de querer disfrutar lo poco que queda del año de la mejor manera posible.

En esta ocasión no sé en qué momento pasó octubre y ni puta idea de lo que pasó con noviembre, todo pasó así nomás, sin darme cuenta. Bueno, pero ahora sentí que sí disfruté los últimos días del mes.

Mucho trabajo, no he podido dormir bien a causa de unas pesadillas macabras y absurdas que últimamente me han acechado. Me parece algo de lo más ridículo, porque pasé de ser una persona que podía dormir en cualquier momento, en cualquier situación y que no tenía ni un solo sueño, a ser alguien que no puede dormir con un poco de luz, un poco de ruido y que ya está harto de las pesadillas pendejas.

A pesar de todo, lo rápido que ha pasado el tiempo and shit, la he pasado muy bien en mi recta final.

He querido venir a escribir muchas cosas, a veces digo que "no tengo tiempo", que es una gran mentira, tiempo me sobra, pero se me olvida.

Escribo de cosas que ya pasaron o que todavía no pasan, a veces siento que el presente me caga la madre o que de plano nunca le pongo atención.

Salud.

martes, 31 de octubre de 2017

Maleable.

Bueno, de mis tres meses favoritos, el primero fue muy duro conmigo. estuvo lleno de alergias, enfermedades y depresiones. De trabajo también, pero eso no lo considero algo malo, aunque si lamento mucho la falta de tiempo y ese efecto en el que cuando te das cuenta, ya es 31 de octubre.

En serio, no entiendo esa absurda rapidez.

En este mes en particular, he tenido unas memorias de esas que son bonitas y tristes a la vez. Se lo atribuyo a mi lugar de trabajo, ya que como algunos de ustedes sabrán (o espero que no) cambié de puesto y eso implicó que regresara al mismo lugar en el que antes laboraba, no es el mismo edificio, pero es el mismo lugar y tengo exactamente la misma vista que tenía hace seis años.

Hace seis años, cuando salía tarde del trabajo (por novato y meco), cuando el laboratorio estaba completamente solo, algo triste y apagado porque sentía que era algo que era demasiado "complicado" para mí y que jamás iba a poder dominar. Salía con ganas de morirme, en un vocho blanco al que le sonaba todo y que apenas tenía gasolina.

Esa parte era la que más me relajaba, el camino a casa. Claro, era difícil relajarse con el sonido que hacía el vocho, pero estaba acostumbrado.

Actualmente salgo tan tarde como en aquella época o hasta más tarde, la diferencia es que ya no es por meco o por novato (o al menos eso quiero creer). Aún más curioso, mi cajón está ubicado a sólo tres lugares del cajón en el que siempre me estacionaba en aquel entonces.

Y para variar, me es inevitable salir y no imaginar que aún está el vocho en ese lugar, me es imposible no recordar quién era yo en esa época, alguien completamente distinto y que la verdad extraño un poco.

Al final es muy bonito poder recordar todo eso y me hace feliz regresar a los mismos lugares pero en diferentes circunstancias.

Y no mamen, ya es halloween, detengan este pedo.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Por la obscuridad.

Cuando salía de la prepa, me iba caminando hasta la central de abastos para tomar el camión que me llevaba a mi casa. No estaba lejos, eran unos 20 minutos más o menos. Esa parte del día era la que más me gustaba porque no tenía que ver o a hablar con alguien del colegio, además siempre pensé que el hecho de que usara el camión funcionaba como repelente de esa fauna tan horrenda, gente tan "fina y sofisticada*" obvio no se iba a querer relacionar con un pobretón como yo.

*Esa gente no tenía nada de "fina y sofisticada", eran los típicos frustrados que disfrutaban aparentar que (sus papás) tenían dinero y se sentían la gran caca porque el papá les prestaba el Golf o el Chevy para ir al colegio.

De hecho, ahora que recuerdo, nunca pasó nada memorable en aquella época. Recuerdo que en mi camino a la central de abastos siempre (cuando tenía dinero) pasaba a una tienda, compraba unos Crunchers y una Mirinda de mandarina y me los tragaba en lo que esperaba el camión, que por cierto se tardaba un chingo en pasar. Los Crunchers me gustaban mucho y ese lugar era el único lugar en el que los encontraba fácilmente, eran tan buenos que a veces compraba tres bolsas para compartirlo con mis hermanos.

No sé por qué, pero tenía la costumbre de guardar el envase vacío de las Mirinda en la mochila, era tan despistado o la escuela me valía tanta verga, que un día mi madre vio mi mochila repleta de envases y se sacó mucho de onda.

Un día cuando salí de la tienda con mis Crunchers, me topé a una chava que estaba en mí salón, creo, creeeeeo, que se llamaba Perla. Siempre pensé que era muy guapa y de cierto modo me gustaba, pero no me refiero a que sentía algo por ella. Era morena clara, tenía un pequeño lunar en el pómulo derecho, delgada, estatura un poco más baja que la mía y recuerdo que tenía piernas chidas. Me llamaba la atención que la chava se daba mucho a respetar y los simios del salón de clase no la jodían tanto como a las demás.

Ese día pensé que continuaría su camino, pero nel, se detuvo, me saludó y me preguntó a dónde me dirigía, casualmente ella también iba a tomar el mismo camión. Nomás imaginen la situación, en ese entonces yo era incapaz de establecer una conversación con alguien, me era imposible hablar, le ofrecí de mis Crunchers mientras caminábamos y en mi mente sólo daban vuelta muchas cosas, pero ninguna lo suficientemente buena como para salir de mi boca. Afortunadamente la chava tenía una forma muy natural para romper el silencio incómodo, desafortunadamente yo no sabía cómo responder.

Nunca más me la volví a topar en ese camino y a pesar de que la veía a diario en el salón, nunca más volvimos a platicar. Nunca la volví a ver hasta unos 6 años después, la morra ni se acordaba de mí, no la culpo, en aquel entonces yo existía menos que ahora, sólo supe que ya tenía un hijo.

En otras ocasiones me topaba a un wey que era el típico cabrón que practicaba box (en esa época estaba de moda que toooodos practicaran box) y se quería "dar un tiro" con cualquier wey. Para mi mala fortuna, el wey vivía para ese rumbo y se iba caminando, tenía que ir escuchando sus pendejadas todo el camino, hablaba de técnicas de boxeo, camionetas Ford modelo 78 y muchas otras pendejadas que a mí me valían mucha verga. En algún momento me llegó a invitar a jugar playstation pero siempre lo mandé a la verga, nunca se enteró de que me cagaba la madre.

El camión siempre lo tomaba en la esquina de la central de abastos, me sentaba en el suelo y me recargaba en la pared, cuando podía aprovechaba para taparme el sol con la sombra de un teléfono público que estaba en el lugar. Uno de esos días, estaba viendo los autos pasar, imaginaba muchas cosas cuando de pronto escuché unos gritos y unos pasos muy acelerados. Del otro lado de la calle venía un cholo corriendo con cara de terror, atrás de él venían otros dos cholos, uno tenía un tubo en su mano y el otro tenía un machete.

Recuerdo que en ese momento quedé muy impactado, sólo veía como los cholos perseguían a ese pobre diablo hasta que un camión pasó cerca de él y se subió, hasta parecía que el chofer había ido en su rescate. Después dio vuelta en Reforma y nunca supe que pasó. Aunque siempre he pensado que lo más probable es que haya tenido un trágico final, de esos que aparecen en portadas de periódico de cinco pesos.

Y ya, me llegan infinidad de recuerdos.