miércoles, 11 de abril de 2018

Gota a gota.

¿Será que en realidad nunca se podrá salir de esto?

Me hablan del "estado de ánimo" como si fuera algo que yo elijo.

Confunden el malestar con simples caprichos, se expresan como si tuvieran idea de las cosas.

Hablan a lo pendejo, ya me tienen pinche harto.

A veces sí anhelo mucho que ya sea mi último tema.

Todo termina por derramarse.

domingo, 1 de abril de 2018

En abril.

Creo que nunca había hecho tanto berrinche por el cambio de horario, normalmente es algo que me vale verga pero en esta ocasión no fue así, supongo que va con la oleada de cosas que he detestado en estos últimos días.

(Aquí va la parte en la que digo que no puedo creer (que en realidad, pues, sí puedo creer) la rapidez con la que llegamos al mes de abril, lo pongo entre paréntesis porque en realidad es un pensamiento, ustedes no están leyendo nada de esto.)

Qué barbaridad, a este paso mañana tendré cuarenta años. ¿Se imaginan tener cuarenta años? Qué horror, neta, qué horror vivir tanto.

Los días de la "semana santa", esos días le encantaban al Isaac de hace no mucho tiempo atrás. Es la parte del año que marca todo lo que no me gusta y me trae recuerdos espantosos. Uno de esos es que ya empezó la temporada de baseball y ya no me atrae la idea de irme a emborrachar a ese lugar.

Ojalá y el año se vaya rápido para que llegue la semana santa y pueda hacer las cosas que me gustan con la gente que quiero.

El martes pasado terminé en el hospital por un insoportable dolor de estómago, al parecer toda esa mala vida por fin está reclamando lo que es suyo, un horrible y descuidado estómago. La recomendación fue que no tomara ni una gota de alcohol en estos días, obviamente no hice caso.

La depresión sigue, no se ha ido aunque pienso que la he manejado muy bien.

Me ha llamado la atención que poco a poco ocurre algo de lo que he escrito anteriormente, siento que vuelvo a ser el mismo de antes, repentinamente las palabras no me salen, sólo dan vueltas por mi cabeza mientras estúpidamente observo el rostro de las personas.

Hoy estaba pensando (bueno, es algo que en realidad siempre he tenido muy presente) en lo horrible que sería llegar a los cuarenta años, ¿para qué una persona va a querer vivir tanto? Qué agobiante estar sobreviviendo en este mundo tan horrible.

Nunca he podido imaginar mi muerte, siempre he tenido temor de morir de una manera muy estúpida y quedar en la memoria de mis familiares y seres cercanos como "El idiota que murió por ser idiota", eso sí me da miedo, ¿la muerte? No, esa no. La mía no. Pero bueno, siempre he pensado que lo más probable es que sea de un disparo en la cabeza.

Maldito horario, ¿ven? ya es media noche y yo no he podido ni siquiera ordenar mis ideas.

Normalmente vuelvo a leer todo lo que escribí para ver si no hay algún horror ortográfico, pero ahorita la verdad tengo mucha hueva y el estómago muy inflamado, así que ahí disculpen el cochinero.



jueves, 29 de marzo de 2018

Más grandes.

Creo que todo era mejor antes.

Antes sólo eran mis cosas y yo, nadie se enteraba de nada, nadie tenía por qué enterarse, no molestaba a nadie. Todo ocurría en mi mente y lo demás era silencio.

Pero es que en realidad una parte de mí anhelaba que alguien escuchara, aún recuerdo esa sensación después de escuchar un "¿Qué te pasa? ¿Por qué no hablas?" Era de las cosas más horribles que podía sentir, tenía tanto por decir y aún así ni una palabra salía de mi boca.

Hace ya varios años sentía que era muy difícil hablar de "mi problema" (me van a disculpar, pero llamarlo por su nombre me empieza a parecer cada vez más ridículo), porque ni siquiera sabía que tenía un problema, no lo podía entender, no podía hablar de algo que no entendía. Gran parte del tiempo pensé que se trataba de algo normal o algo así, después lo entendí pero nunca lo acepté. ¿Por qué? Porque no, algo así no me podía afectar a mí, una persona a la que le vale verga todo.

Lo guardé y lo asimilé durante muchos años, pensando que podría vivir con eso sin ningún problema. Y así fue, durante mucho tiempo así fue, pero poco a poco aparecieron las complicaciones. Después entendí lo que pasaba en realidad, nunca me di cuenta del temor que me causaba el hablar de "eso" por miedo a que me juzgaran y me tacharan de débil, de ser una persona "que no pone de su parte" para estar bien. Cosas así de absurdas llegué a escuchar infinidad de veces.

Digo, me pasó varias veces, incluso con una de mis mejores amigas (al menos eso creía, hoy ya no es nada más que una pendeja).

Me tomó muchos años entender lo que me ocurría, aprendí a vivir conociendo lo que me pasaba, es algo muy extraño y difícil de describir, pero al final así fue. Después poco a poco aprendí a hablar del problema como si se tratara de cualquier otra cosa, pues sí, como debería ser, algo con lo que vives se transforma en cualquier otra cosa.

Hasta la fecha he tenido mucha facilidad para compartir mi situación y creo que es ahí donde está el problema. Creo que es algo que no se debe compartir "así nada más", me he topado con personas que inmediatamente empiezan a juzgar, así nada más, sin tener puta idea de lo que se trata.

Mentiría si no dijera que también me he topado con personas hermosas que aunque no entienden completamente el problema, te demuestran su apoyo y te ayudan a poder salir del horrendo abismo. Personas que saben escuchar y que tratan de entender.

Pero también están los otros:

"Es que échale ganas", "We es que no estés triste", "La vida tiene cosas muy bonitas y no las quieres ver".

Ese tipo de personas me causan asco, me hacen querer ser el yo de antes, regresar a aquellos años en donde nadie sabía nada de mí, cuando todo se mantenía en mi cabeza, meterme a la burbuja y no salir jamás. Que al mismo tiempo es algo raro para una persona a la que le valen verga la cosas, ¿no?

Vuelve a aparecer esa parte de mí, sólo que esta vez anhela que todos se olviden de mí.

Creo que todo era mejor antes, cuando no salían palabras de mi boca.