miércoles, 27 de septiembre de 2017

Por la obscuridad.

Cuando salía de la prepa, me iba caminando hasta la central de abastos para tomar el camión que me llevaba a mi casa. No estaba lejos, eran unos 20 minutos más o menos. Esa parte del día era la que más me gustaba porque no tenía que ver o a hablar con alguien del colegio, además siempre pensé que el hecho de que usara el camión funcionaba como repelente de esa fauna tan horrenda, gente tan "fina y sofisticada*" obvio no se iba a querer relacionar con un pobretón como yo.

*Esa gente no tenía nada de "fina y sofisticada", eran los típicos frustrados que disfrutaban aparentar que (sus papás) tenían dinero y se sentían la gran caca porque el papá les prestaba el Golf o el Chevy para ir al colegio.

De hecho, ahora que recuerdo, nunca pasó nada memorable en aquella época. Recuerdo que en mi camino a la central de abastos siempre (cuando tenía dinero) pasaba a una tienda, compraba unos Crunchers y una Mirinda de mandarina y me los tragaba en lo que esperaba el camión, que por cierto se tardaba un chingo en pasar. Los Crunchers me gustaban mucho y ese lugar era el único lugar en el que los encontraba fácilmente, eran tan buenos que a veces compraba tres bolsas para compartirlo con mis hermanos.

No sé por qué, pero tenía la costumbre de guardar el envase vacío de las Mirinda en la mochila, era tan despistado o la escuela me valía tanta verga, que un día mi madre vio mi mochila repleta de envases y se sacó mucho de onda.

Un día cuando salí de la tienda con mis Crunchers, me topé a una chava que estaba en mí salón, creo, creeeeeo, que se llamaba Perla. Siempre pensé que era muy guapa y de cierto modo me gustaba, pero no me refiero a que sentía algo por ella. Era morena clara, tenía un pequeño lunar en el pómulo derecho, delgada, estatura un poco más baja que la mía y recuerdo que tenía piernas chidas. Me llamaba la atención que la chava se daba mucho a respetar y los simios del salón de clase no la jodían tanto como a las demás.

Ese día pensé que continuaría su camino, pero nel, se detuvo, me saludó y me preguntó a dónde me dirigía, casualmente ella también iba a tomar el mismo camión. Nomás imaginen la situación, en ese entonces yo era incapaz de establecer una conversación con alguien, me era imposible hablar, le ofrecí de mis Crunchers mientras caminábamos y en mi mente sólo daban vuelta muchas cosas, pero ninguna lo suficientemente buena como para salir de mi boca. Afortunadamente la chava tenía una forma muy natural para romper el silencio incómodo, desafortunadamente yo no sabía cómo responder.

Nunca más me la volví a topar en ese camino y a pesar de que la veía a diario en el salón, nunca más volvimos a platicar. Nunca la volví a ver hasta unos 6 años después, la morra ni se acordaba de mí, no la culpo, en aquel entonces yo existía menos que ahora, sólo supe que ya tenía un hijo.

En otras ocasiones me topaba a un wey que era el típico cabrón que practicaba box (en esa época estaba de moda que toooodos practicaran box) y se quería "dar un tiro" con cualquier wey. Para mi mala fortuna, el wey vivía para ese rumbo y se iba caminando, tenía que ir escuchando sus pendejadas todo el camino, hablaba de técnicas de boxeo, camionetas Ford modelo 78 y muchas otras pendejadas que a mí me valían mucha verga. En algún momento me llegó a invitar a jugar playstation pero siempre lo mandé a la verga, nunca se enteró de que me cagaba la madre.

El camión siempre lo tomaba en la esquina de la central de abastos, me sentaba en el suelo y me recargaba en la pared, cuando podía aprovechaba para taparme el sol con la sombra de un teléfono público que estaba en el lugar. Uno de esos días, estaba viendo los autos pasar, imaginaba muchas cosas cuando de pronto escuché unos gritos y unos pasos muy acelerados. Del otro lado de la calle venía un cholo corriendo con cara de terror, atrás de él venían otros dos cholos, uno tenía un tubo en su mano y el otro tenía un machete.

Recuerdo que en ese momento quedé muy impactado, sólo veía como los cholos perseguían a ese pobre diablo hasta que un camión pasó cerca de él y se subió, hasta parecía que el chofer había ido en su rescate. Después dio vuelta en Reforma y nunca supe que pasó. Aunque siempre he pensado que lo más probable es que haya tenido un trágico final, de esos que aparecen en portadas de periódico de cinco pesos.

Y ya, me llegan infinidad de recuerdos.

martes, 29 de agosto de 2017

El Scorcho.

Ha de ser muy feo eso de tener cáncer en los huevos.

Creo que el trabajo es mi mejor terapia (y también creo que ya lo he mencionado muchas veces), pero cuando no estoy en él, pienso que es una cosa algo extraña. Mi trabajo consiste en tratar con desconocidos a los que les tengo que dar un buen trato y resolver sus necesidades a la brevedad posible (no, no soy una puta), cosa que disfruto bastante, no sé, me gusta lidiar con ese tipo de problemas.

La parte extraña aparece cuando no estoy en el trabajo, cuando me doy cuenta de lo que soy normalmente, me gusta estar solo y que no me chinguen con charlas que realmente no me interesan. No soy sociable porque así nací, no por gusto. Creo.

(En este momento es cuando siento que estoy escribiendo lo que ya he escrito muchas otras veces)

Me pasa que no dejo de pensar en el 2015, siento que estoy atrapado en el pasado y que de repente descuido el presente. Cuando me doy cuenta ya estamos a finales de agosto.

Siento que las cosas pasaron hace poco, que esos momentos los viví hace apenas unas semanas. Parece que las cosas fluyen mientras mi mente está en otro lado.

La vida va muy rápido y creo que está bien, pero a veces va tan rápido que no alcanzo saborearla.

Sin querer me he relacionado con mujeres con las que han pasado cosas chidas y me hacen ver que todo puede tener otra perspectiva, después empiezo a sentir que invaden los dominios de diablorama y recuerdo al punto al que no quiero llegar.

Me alejo por completo y es una historia que no deja de repetirse.

Ya no estoy seguro de cuál es la persona que conocen, a veces ni yo estoy seguro de lo que soy.

Todo es igual, todo da igual.


domingo, 30 de julio de 2017

Vida en el espejo.

Empecé a sentir que no era yo, pero no podía entenderlo, era una sensación muy extraña.

Mis ganas de salir desaparecieron, hace poco salía y disfrutaba estar en algún bar, el que sea, sólo o acompañado, eso era lo de menos. Ahora siento que no quiero que las personas me vean, algo raro, similar a no querer existir para los demás.

Esa sensación de pensar que todos tienen los ojos sobre ti, esa cosa estúpida e inexistente, pero también inevitable.

Eso es raro, muy raro para una persona a la que le vale verga lo que digan los demás.

Entonces fue cuando empecé a entender (o al menos eso parece) lo que realmente estaba pasando, esa sensación obviamente me resulta familiar.

Siento que soy el que era hace 12 años, soy ese que no quería salir a la calle, que se alejaba de pequeños grupos de gente, que su vida era estar en la computadora descubriendo música, ese que no estaba nunca para nadie. 

Después de tantos años, siento lo mismo.

Es algo que me confunde demasiado, porque no es sólo el aspecto "social", que realmente es lo de menos, pero esto llega acompañado de todo lo que en aquellos años me afectaba de manera personal.

La diferencia entre ayer y hoy, es que ahora sí estoy seguro de cómo puede terminar.