lunes, 30 de enero de 2017

Por eso debes de obedecer.

A veces despierto deseando que aún sea diciembre.

Enero había sido un mes eterno, hasta hoy, que me di cuenta del número 30.

Esperaba poder llegar a escribir algo importante en este mes, pero pues, no ha pasado nada importante. Sobre los planes que tenía ya no hay nada, tendré que esperar y ver que pasa. Les soy sincero, espero lo peor.

He sentido que estos días he sido menos yo, he cambiado mucho y creo que ha sido un cambio bueno, un cambio que no busqué, sólo está pasando. He coincidido (porque "coincidir" no es lo mismo que "buscar") con personas nuevas con las que la he pasado muy bien y he enterrado a otros que la verdad no extraño ni un poquito.

Porque no se puede extrañar a conocidos que resultaron ser extraños.

El otro día me pasó algo bien chistoso y pensé en venir a escribirlo pero después noté que no era nada chistoso. Nada es chistoso.

Cuando ando por el centro en la bici, paso por lugares que me destapan un chingo de recuerdos de momentos chidos que pasé con morras que ya ni se acuerdan de mí o que me mandaron a la verga nomás porque sí. A veces en los bares me topo con ellas y es bien raro que el contacto visual no dure ni un segundo. Por la menta me pasan cosas como: "ehhmm, antes yo estaba sentado ahí, riendo y platicando con ella."

Pero pss el tiempo pasa y la gente cambia.

No sé qué sería de mí si no hubiera aprendido a dejar ir, no entiendo cómo fue que pasé de ser alguien tan "apegado" a las amistades y las relaciones, a ser alguien que disfruta tanto de la soledad.

Tanto tiempo perdido al final resultó útil, uno siempre aprende cosas nuevas.

Me prometí escribir más seguido, tengo muchas cosas para contarme pero no encuentro las palabras para hacerlo.

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