lunes, 29 de junio de 2015

Infinito.

Tuve un sueño muy extraño, uno en el que me decías que aún me querías, que estabas dispuesta a cualquier cosa con tal de compartir más momentos juntos.

Querías revivir aquellas épocas en las que todo era felicidad, en las que las cosas simples nos llenaban, anhelabas volver a caminar hasta ver el atardecer, en pasar silencios muy cómodos, silencios que significaban mucho. Insistías en seguir siendo la única en mi vida, la que me hizo sentir en la gloria, la que me hizo ser otra persona que a veces yo mismo desconocía. Querías que el pasado siguiera siendo el presente. 

No estabas dispuesta a dejar tu lugar, me recordabas los momentos inolvidables que nunca nadie podrá borrar.

Todo eso decías mientras me mirabas desde lo alto del pozo, ese al que me arrojaste después de haberme apuñalado en la espalda cientos de veces. 

Tú, arrepentida, me ofreciste tu mano para poder salir, me levanté como pude, tomé tu mano una vez más y cuando estaba a punto de salir escupiste en mi cara y me dejaste caer.

Desperté angustiado.

Pero sólo fue un sueño, todo bien.