martes, 21 de abril de 2015

El tamaño de las cosas.

Después de todo el bullicio que implicó el "infame" 20/04 (porque a diferencia de los Yankees, nosotros ponemos primero el día y después el mes), cosa que vimos publicada hasta en la sopa, que al igual que la navidad, el día de San Valentin, Halloween o cualquier otro pinche día que implique un mame innecesario, me vinieron a la mente muchas cosas que al final pude digerir de la mejor manera posible.

Las cosas han cambiado un poco, es muy raro que alguna molestia aparezca, las cosas fluyen sin problemas y todo se reduce a una simple frase:

Déjalo ser.

A cualquiera, en cualquier momento, en cualquier lugar. Aprende a disfrutar lo que los demás saben disfrutar. O al menos no estés chingando.

En pocas palabras, no sean unos amargados, y cuando sientan que están de amargados deténganse y díganse a sí mismos:

"A ver, a ver, párale a tu pedo".

Y sean felices.

Neta, como el amargado que he llegado a ser en muchas ocasiones, les puedo decir que es algo muy culero y que no deja NADA bueno, mejor sean felices y ya.

Al final ya causa gracia cuando algún pendejo se pone a criticar algo que cree conocer, dan la impresión de que no les gusta que alguien más la esté pasando bien.

Todo bien.

Fin del tema.

Han ocurrido muchas cosas, les cuento que a principios de marzo decidí no beber ni una sola gota de alcohol durante todo el mes, cosa que obviamente no pude cumplir, pero al menos puedo decir con orgullo que pasé 16 días completamente libre de alcohol.

No es gran cosa, pero algo es algo.

No fue sólo el hecho de desintoxicarme, llegó un momento en el que me sentí mal, bueno no, porque no había nada cercano a sentirme mal, digo, con alcohol de por medio todo es felicidad. Simplemente noté que algo andaba mal, ya no me gustó la idea de sentir ser dependiente de algo.

Tomar (casi) todos los días es algo que definitivamente no está bien, al final se convierte en costumbre y no en algo que estés disfrutando en realidad. Debo decir que no fue nada difícil, al menos ya comprobé que tengo la fuerza de voluntad suficiente para hacer ese tipo de cosas. Me sentí muy bien y hasta lo disfruté.

La idea también era cambiar el hábito, cosa en la que no tuve que trabajar mucho, porque la verdad ya ni se me antoja tanto entre semana. Aunque me pueden invitar cuando quieran, igual y me tomo una limonada, claro, después de unas seis cervezas. Bueno no.

Después fui a Zacatezas, Jerez y Tepetongo, en donde me puse hasta la verga tanto como pude.

Pero no hubo pedo, ya retomé el buen camino, todo con medida.

Denme alcohol.

O no.

Me voy a poner hasta la verga el fin de semana, total, es mi dinero.

Pues sí.

Al final leo todo de nuevo y me dan ganas de borrarlo, porque ¿a ustedes qué les importa?

Pero aquí se los dejo.