viernes, 31 de mayo de 2019

3

No recuerdo si era en el PSX o el PS2, pero estábamos jugando algo. Era en aquellas épocas en las que pasaba mis tardes jugando playstation o haciendo cualquier cosa con tal de no salir de mi casa.

—¿Y si vamos a comprar dulces? —me dijo mientras estaba la pantalla de carga del playstation—.
—¿A dónde? Por aquí ni hay nada chido. —siempre negativo, con intenciones de agotar opciones—.
—Ándale, vamos en la bici, a un lado de la pulga hay una dulcería que está chida.
—Pero nada más tú tienes bici.
—Tú maneja y yo me voy en los diablitos.

En ese momento me quedé helado. No sabía cómo ocultar ese terror de salir a la calle, ¿por qué? Porque alguien como yo no podía andar en bici así nada más sin hacer el ridículo. No era posible, ¿cómo me iban a ver todas esas personas en la calle?

¿Qué iban a decir?

¿Qué iban a pensar?

—Ándale, vamos, está cerca y hay dulces chidos.

Mi hermano menor me estaba pidiendo algo muy sencillo, algo que al mismo tiempo era terrible y me atormentaba demasiado. Mientras infinidad de cosas daban vuelta por mi cabeza, él ya estaba en la cochera esperándome.

—Ándale, ya vámonos.

Me subí a la bici, arranqué despacio y a los pocos segundos él ya estaba en los diablitos. La dulcería no estaba tan lejos, pero tampoco estaba tan cerca como para ir caminando.

Recuerdo perfectamente el recorrido, no parábamos de reír mientras decíamos tonterías y yo trataba de esquivar los baches. Llegamos a la dulcería y el compró los dulces de tamarindo que más le gustaban, los compró con dinero que el juntaba. ¿Yo? Yo no compré nada, no tenía dinero, como buen pendejo.

El regreso fue aún más divertido, porque ahora teníamos dulces. Llegamos a la casa y seguimos jugando playstation y comiendo dulces de tamarindos.

—Man, tenemos que ir más seguido a comprar dulces, estuvo muy chido.

Cuando escuché eso sentí algo muy cabrón, porque no sabía si alguna otra vez tendría el valor de volverlo a hacer. Sí, algo tan sencillo, no sabía si podría hacerlo una vez más. Durante el recorrido me olvidé de todo lo que me estaba matando, en esos minutos la pasé tan bien que ese recuerdo se quedó para siempre.

Nunca más lo acompañé, no pude hacerlo. También me di cuenta de lo estúpido que hubiera sido jamás haberlo acompañado.


sábado, 27 de abril de 2019

2

Me levanté temprano, me puse mis "mejores" trapos y me dirigí a ese lugar.

Era muy raro, estaba yendo a un lugar al que no quería ir, pero sabía que era el único lugar en el que podía tener una oportunidad, no había muchas opciones. Estaba haciendo cosas que no quería hacer, no me interesaba, si hoy en día no le encuentro sentido a esta mierda, en ese entonces el sentimiento era mil veces más intenso.

En el camino sólo iba concentrado en que el vocho no me dejara tirado. Así fue todos los días, no sé ni por qué lo hacía, si ya sabía lo que iba a escuchar:

"Ven después."

Al menos la secretaria era muy guapa.

Sólo pedía que me dieran oportunidad de presentarme con la gerente, siempre fue lo mismo.

Me estacioné, bajé del carro, me quedé pensando en nada. Vi mis zapatos todos jodidos, después en el reflejo de otro carro vi mi intento por verme "bien". Lo recuerdo bien, sentí algo muy feo, no se puede describir.

¿Qué estoy haciendo aquí?

Caminé por la misma ruta de siempre, por ser un extraño tenía que rodear todo el edificio.

En el camino pensaba lo mismo. ¿Y esto para qué?

Toqué el timbre, la secretaria me vio por la ventana y abrió la puerta.

—¡Hola Rubén! Permíteme un minuto, voy a ver si te puede recibir —decía siempre lo mismo, mientras se levantaba de su silla y desaparecía de mi vista—.

Yo ya sabía la respuesta, sólo quería largarme de ahí, no me sentía bien. Nunca me sentía bien.

—Pásale por favor, te voy a llevar a su oficina.

Me quedé frío. ¿Qué iba a hacer? Ni siquiera estaba preparado para cuando eso pasara.

Fue muy extraño, me senté frente a ella como el buen ser raro e introvertido que soy, le entregué mi carpeta y estreché su mano. Me presenté y no puedo decir de que manera lo hice, pero supongo que mal.

"Hola, soy yo, me interesaría hacer esto, por esto y porque esto otro y lo otro."

Nunca voy a olvidar sus ojos sobre mí, siempre me quedé con la duda de esa expresión.

Sus únicas palabras fueron:

"Eres muy joven, platicamos después."

Eso ocurrió en menos de cinco minutos, creo.

Hoy estoy en el mismo edificio, estoy sentado en una sala a punto de presentar un examen del que no tengo ni puta idea. En la mesa hay otros veinte cabrones en la misma situación. Veo rostros conocidos de la universidad, gente agradable y gente que me caga.

—¿Qué estoy haciendo aquí?

Mi mente está en blanco, me sudan las manos y mi pie rebota en el suelo a un ritmo endemoniado.

Hice lo que pude. No estudié porque ni siquiera sabía lo que tenía que estudiar.

—¿Cómo llegué aquí? Este no soy yo.

Hoy ya estoy mucho más lejos del lugar en el que inicié. Ha pasado tanto tiempo y sigo sintiendo la misma angustia.

Angustia con la que nací, porque no tiene absolutamente nada que ver con lo que hago.

domingo, 31 de marzo de 2019

Sálvame de mí.

Normalmente estoy sentado en la barra, tomando cerveza, ginebra o whiskey. A veces me enveneno con los tres en una misma noche. Esos días no son raros, son más comunes de lo que desearía, mis días favoritos, de esos en los que sientes que sólo vives para eso. 

Estoy ahí sentado, pensando en lo bien que la estoy pasando, un gran momento de tranquilidad, embriagándome y escuchando mi música favorita. Suena algo tranquilo, algo de múm. Sigue algo más especial, algo de Sleep o algo que me destape miles de recuerdos. 

En esos momentos sólo soy yo, mi bebida y la música. En esos días me siento el hombre más afortunado del mundo. Me siento muy bien, mi mente se libera y logro ser feliz.

Pasan los días.

Una vez más, estoy sentado en la barra, tomando cerveza, ginebra o whiskey. depende de mi humor, a veces me enveneno con los tres en una misma noche. Otras veces decido sólo ir por caguamas. Esos días no son raros, son más comunes de lo que desearía, mis días favoritos, de esos en los que sientes que sólo vives para eso. 

Estoy ahí sentado, en mi mente pasan muchas cosas, muchos sentimientos, observo mi alrededor, me observo a mí, pienso en lo que estoy haciendo. En mi mente se siente algo pesado, a veces siento que se me cae la cara. Empiezan a sonar mis canciones favoritas, esas que me traen miles de recuerdos, todas y cada una reviven momentos de mi pasado, a veces aparecen recuerdos que desearía no existieran. No hay tranquilidad, necesito embriagarme para sentirme mejor. 

Escucho mi música, escucho algo que me gusta mucho y a la vez es deprimente.

Estoy ahí sentado sintiéndome el hombre más desafortunado del mundo, deseando morir, fantaseando cómo sería la mejor forma para matarme.

Otro día más.