Ya son las 6:25 el lugar está solo.
Sólo se escucha el zumbido de los enfriadores y el motor del scrubber.
A lo lejos puedo ver que la gerente sigue en su oficina.
Estoy en mi mesa de trabajo, no es mía, pero aquí la gente se apropia de las cosas y no puedo usar alguna otra porque después se molestan.
Hay doce matraces de cien mililitros frente a mí, están llenos de ácido sulfúrico. Un poco más a la derecha, tengo doce pipetas. Soy muy malo haciendo esto, he visto a personas hacerlo en menos de media hora y yo ya tengo dos horas aquí con lo mismo. Ya estoy harto. Tengo poco más de dos meses en este lugar y todo me parece horrible. ¿Qué estoy haciendo aquí? Esto es un horno, tengo ácido en mi cara y mi cabello. Odio estas botas tan incómodas.
Y una vez más estoy haciendo lo que mejor sé hacer, quedarme observando mientras en mi mente hay miles de cosas sin sentido. Han pasado otros treinta minutos mientras yo sólo observo mi reflejo en los matraces.
La gerente ya se fue, se despidió sólo agitando su mano desde lo lejos. Ella me cae bien.
Me esforcé mucho para llegar aquí, por fin estoy aquí. Es difícil tener que venir a trabajar con personas que no me quieren, pero ya estoy aquí.
Me rindo, no sé lo que estoy haciendo y de todos modos estos resultados los están esperando desde las nueve de la mañana, supongo que no habrá mucha diferencia.
Apagué la luz, prácticamente era la única que iluminaba el pasillo. Es deprimente el silencio entre el ruido de las máquinas. Salgo, el estacionamiento está vacío. Excepto por el vocho que está ahí esperándome. Hay poca luz, todo es deprimente. Sólo espero llegar al vocho mientras deseo que no me deje tirado otra vez.
Han pasado cinco años.
Ya estamos instalados en otro edificio, todo ahora es más moderno. Salgo tarde una vez más, hay poca luz, todo sigue siendo deprimente. Esta vez no odio a la gente del trabajo, aprendí a trabajar con ellos y ellos a trabajar conmigo. Hay poca luz, muy poca luz, salgo caminando a buscar un taxi porque no recuerdo cuál de todas las tragedias fue la que me dejó sin vocho, sin civic o sin jetta.
Un día, así de repente, después de cosas que aún no me he podido explicar, estoy en el comedor rodeado de mis compañeros, todos se despiden de mí, me abrazan y me desean lo mejor. Espero que yo les hubiera podido desear algo igual. Lo dudo mucho, nunca he sido bueno para eso. Pero lo aprecié tanto que aún lo recuerdo.
Hoy salgo cansado otra vez, con poca luz y clima deprimente. Salgo y lo primero que veo es la vista que tenía hace ocho años. Exactamente la misma vista. Me es inevitable no imaginar al vocho en el mismo cajón en el que me estaciono actualmente. Me es inevitable verme ahí sentado, pensando en la nada. Los recuerdos me envuelven muy cabrón, todos los días. A veces quisiera poder regresar en el tiempo y decirme que todo estará bien, que no soy tan pendejo después de todo y que llegaré lejos aunque el camino más difícil siempre haya sido el que tengo en la mente.
Esa casualidad de regresar al mismo lugar, al mismo lugar en el que todo es diferente, me ha servido para darme cuenta de muchas cosas que en su momento no conocía.
Sólo espero no volverme loco.
De esto he escrito infinidad de veces, siempre hay algo que detona algún detalle adicional, algo que estaba ahí enterrado y que sale para recordarme lo miserable que me he sentido. Como una mano que sale de la tierra para sujetarme y hundirme.
Algo que empiezo a escribir como un bonito recuerdo, siempre termina siendo esa parte de mí que no quiero ser.
martes, 1 de octubre de 2019
miércoles, 14 de agosto de 2019
Amanecer.
No puedo dejar de verme.
En una mesa rodeado de niños con los que me es imposible hablar, viendo cómo todos se divierten o hacen lo que tienen que hacer, mientras yo estoy con la mente en otro lado, imaginando cosas que no entiendo, formando figuras inexistentes en mi mente. Salgo al patio, hay niños jugando, yo sólo me siento a ver. No entiendo de qué se trata esto, no sé lo que se debe hacer aquí, sólo sé que mi mamá me trae todos los días y espera por mí todos los días a la misma hora.
Estoy sentado en una esquina de la calle, temeroso esperando a que pase el camión, temo avisar a mi madre que ya se acerca el camión, no sé si sea o no, porque no sé leer y todos son de distintos colores. Aún así, siendo un idiota, mi madre confía en mí para que yo le avise cuando el camión esté cerca.
Mi madre me dio dinero, quiero ir a la tienda a comprar un gansito o cualquier otra cosa que me alcance. Salgo a la calle y a lo lejos veo a mi hermano y sus amigos, para llegar a la tienda tengo que pasar por ahí, me da miedo porque no sé si me van a decir cosas o sí se van a burlar de mi cuando venga de regreso con mi gansito.
Mi madre me levantó temprano para llevarme a la natación, es sábado, no sé por qué tengo que ir o para qué. Detesto el olor del cloro en la alberca, odio la actitud de la entrenadora y no me llevo bien con los demás niños. Aún así, me llevan a nadar. En el camino mi madre me pregunta que si al salir de nadar me gustaría pasar a rentar un juego de Super Nintendo.
Estoy de pie en la puerta de la escuela, veo cómo mi madre se aleja poco a poco. Voy caminando hacia mi salón pero en el camino una maestra me detiene. Me toma de la mano y me lleva a la dirección, yo no debía estar ahí, ese día era la peregrinación, todos tenían que ir, es por eso que no habría clase. Pero yo, como soy un idiota que nunca pone atención, nunca me entero de las cosas. Estuve ahí esperando a que pasaran por mí, sería un buen rato, los celulares son prácticamente inexistentes, para avisar a mi madre tienen que esperar a que llegue a casa para después hacerla regresar.
Llego al salón y veo que todos los niños tenían bicicletas, pregunté por la mía, pero me entero de que cada quien debía llevar su bicicleta. Todos las adornaron con flores y con globos, un niño incluso llevaba un carrito de esos que tienen pedales, estaba forrado de negro y tenía el logo de batman, era el batimóvil. Recuerdo bien su nombre, se llamaba Pablo, era un niño al que se siempre se le salían los mocos. Yo estaba ahí de pie, viendo a los niños circular en sus bicicletas, algunos acompañados de sus papás. Era el desfile de la primavera, pero nunca me enteré, porque cuando dieron el aviso, yo estaba sentado en mi lugar, pensando en otras cosas, viendo figuras en mi mente. De todos modos no tenía bicicleta y aunque tuviera, no sabía andar en ella.
Estoy acostado, viendo a la nada, confundido, pensando que soy flojo, sin entender el problema real.
No puedo dejar de verme, no puedo dejar de pensar en esa gran persona que fui, esa persona de la que no queda nada. Me veo y me dan ganas de abrazarme. A veces me pregunto cómo fue que desaparecí, cómo pudo ser posible el cambio, pero es fácil entenderlo después de desenterrar tantos recuerdos, esos recuerdos tan sencillos, tan sin chiste, tan equis. En cambio, los peores recuerdos son más fugaces, esos sólo se hacen notar y se apartan de inmediato.
¿Qué hubiera sido de mí si alguien me hubiera entendido? Jamás lo sabré.
domingo, 28 de julio de 2019
4
─¿Qué haces?
─Ah cabrón, hola.
─Ay, qué payaso, qué pedo qué haces.
─Me estoy preparando para salir, ¿tú?
─¿A dónde vas?
─No sé si a Ponciano o a Escobedo.
─¿Ponciano? ? ¡Ya cámbiale!
─Es el lugar que más me gusta, además yo soy el que iré.
─Ufff, perdón. Vamos a Escobedo. ¿Yo paso o tú pasas?
─Pasa tú.
─Va, ya voy.
No puedo definir qué fue lo que sentí cuando recibí el primer mensaje, era algo muy extraño, no sabía cómo sentirme en realidad. Ya había pasado más de un año desde la última vez que hablamos y a pesar de que frecuentábamos los mismos lugares, nunca nos topamos.
No me gusta asfixiar a las personas, no me gusta insistir porque odio que me insistan, yo aprecio la compañía de muy pocas personas, es por eso que me es muy fácil notar cuando dejan de apreciar mi compañía. Me es muy fácil detectar cuando me quieren lejos. Me alejé y lo hice de tal manera que era una persona más, una más de las muchas a las que he sacado de mi vida.
Ese día sí, contrario a lo que yo pensaba, sí pasó por mí. Me subí a su carro y chingos de flashbacks llegaron a mi mente. Años de amistad que estaban enterrados, de la nada aparecieron. Ella hablaba como si nunca nos hubiéramos dejado de ver. Yo sólo pensaba muchas cosas, no pensé en decir algo que pudiera convertir la situación en algo incómodo, digo, si se había tomado la molestia de hablarme, no tenía por qué reprocharle nada.
Llegamos al bar, nos sentamos en la barra, pedimos cervezas y empezamos a platicar. La plática fue algo extraña, retomamos todo lo que platicamos la última vez, era un brinco en el tiempo. Los planes que un día le estaba contando, en los cuales había fracasado completamente, ahora los estaba contando con felicidad, el tiempo pasó y por fin había podido lograr lo que me había propuesto tiempo atrás. No puedo negar que la estaba pasando bien. Pero tampoco puedo negar que era una situación demasiado extraña.
Estuvimos un buen rato ahí hasta que se hizo noche.
─Oye, ya es tarde, yo sé que para ti no, pero recuerda que ando manejando.
─Sí, ya vámonos.
─¿Ya te vas a meter o te aviento en algún otro lado?
─Déjame en Ponciano, ahí están mis amigos.
─Va.
El lugar no está lejos, está a unas dos cuadras. Se estacionó en la esquina y se despidió.
─Wey, me dio mucho gusto verte, ya no te desaparezcas.
─¿Yo? No.
─Osh, aún es temprano, pero bueno. Mira, a la próxima hay que salir en Uber, dejo el carro en tu casa y nos ponemos hasta la verga, como antes.
─Va, tu dices cuándo.
─Nos vemos, cuídate.
─Bye bye!
Ella siguió su vida, todo completamente normal. Esa fue la última vez que supe de ella, así fue como desapareció una de mis mejores amigas.
─Ah cabrón, hola.
─Ay, qué payaso, qué pedo qué haces.
─Me estoy preparando para salir, ¿tú?
─¿A dónde vas?
─No sé si a Ponciano o a Escobedo.
─¿Ponciano? ? ¡Ya cámbiale!
─Es el lugar que más me gusta, además yo soy el que iré.
─Ufff, perdón. Vamos a Escobedo. ¿Yo paso o tú pasas?
─Pasa tú.
─Va, ya voy.
No puedo definir qué fue lo que sentí cuando recibí el primer mensaje, era algo muy extraño, no sabía cómo sentirme en realidad. Ya había pasado más de un año desde la última vez que hablamos y a pesar de que frecuentábamos los mismos lugares, nunca nos topamos.
No me gusta asfixiar a las personas, no me gusta insistir porque odio que me insistan, yo aprecio la compañía de muy pocas personas, es por eso que me es muy fácil notar cuando dejan de apreciar mi compañía. Me es muy fácil detectar cuando me quieren lejos. Me alejé y lo hice de tal manera que era una persona más, una más de las muchas a las que he sacado de mi vida.
Ese día sí, contrario a lo que yo pensaba, sí pasó por mí. Me subí a su carro y chingos de flashbacks llegaron a mi mente. Años de amistad que estaban enterrados, de la nada aparecieron. Ella hablaba como si nunca nos hubiéramos dejado de ver. Yo sólo pensaba muchas cosas, no pensé en decir algo que pudiera convertir la situación en algo incómodo, digo, si se había tomado la molestia de hablarme, no tenía por qué reprocharle nada.
Llegamos al bar, nos sentamos en la barra, pedimos cervezas y empezamos a platicar. La plática fue algo extraña, retomamos todo lo que platicamos la última vez, era un brinco en el tiempo. Los planes que un día le estaba contando, en los cuales había fracasado completamente, ahora los estaba contando con felicidad, el tiempo pasó y por fin había podido lograr lo que me había propuesto tiempo atrás. No puedo negar que la estaba pasando bien. Pero tampoco puedo negar que era una situación demasiado extraña.
Estuvimos un buen rato ahí hasta que se hizo noche.
─Oye, ya es tarde, yo sé que para ti no, pero recuerda que ando manejando.
─Sí, ya vámonos.
─¿Ya te vas a meter o te aviento en algún otro lado?
─Déjame en Ponciano, ahí están mis amigos.
─Va.
El lugar no está lejos, está a unas dos cuadras. Se estacionó en la esquina y se despidió.
─Wey, me dio mucho gusto verte, ya no te desaparezcas.
─¿Yo? No.
─Osh, aún es temprano, pero bueno. Mira, a la próxima hay que salir en Uber, dejo el carro en tu casa y nos ponemos hasta la verga, como antes.
─Va, tu dices cuándo.
─Nos vemos, cuídate.
─Bye bye!
Ella siguió su vida, todo completamente normal. Esa fue la última vez que supe de ella, así fue como desapareció una de mis mejores amigas.
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