jueves, 5 de noviembre de 2015

Barranca abajo.

Hace cuatro años sonaba Just Gazin de Digitalism en mi despertador, en ese momento adoraba esa canción.

Pasé de noviembre a mitad de diciembre sin ver a alguien en esta casa. Extrañamente, en esos días estar aislado era algo que me importaba.

Despertaba en un colchón casi en el centro de mi habitación, así sin base, sólo el colchón. Si no me equivoco, estaban por hacer remodelaciones en el lugar y me había deshecho de todo lo que tenía antes, sólo había cajas en el piso y mucha ropa tirada.

Abría los ojos al mismo tiempo en el que soportaba el dolor de espalda y el frío de la habitación, nunca he sido muy bueno para dormir con algo que me tape, use lo que use, siempre termina tirado en el suelo lejos de mi cama (en este caso, lejos de mi colchón), lo mismo pasa con mi almohada.

Me levantaba, permanecía sentado esperando a que terminara la canción, no me tomaba la molestia de bañarme, tenía frío. Me vestía mientras pensaba en lo que pesado que sería pasar otro día en el trabajo. No toleraba a nadie de mis cercanos o de mis compañeros de trabajo, nadie. Estaba harto, estaba agotado, estaba angustiado. No era sólo el trabajo, era todo lo que me pasaba en esos días, ya saben, cosas insignificantes de las que me gusta hacer toda una obra de teatro.

No tenía tiempo para prepararme el desayuno, y aunque lo tuviera, no tenía nada para desayunar. Salía rápido para ver si el carro tenía ganas de encender, era un vocho blanco todo madreado, con una pintura tan gastada que parecía beige, que cuando hacía frío el muy cabrón me hacía pasar un buen rato tratando de encenderlo. Si todo salía bien, iba al oxxo y compraba una lata de Monster, una botella de Pepsi Kick y un café. Me terminaba todo mientras iba manejando, casi siempre al llegar al trabajo le iba dando los últimos sorbos al café. Al llegar me preparaba otras dos tazas de café.

Era mi gasolina diaria.

En cierto modo el trabajo siempre ha sido una medicina, me costaba trabajo animarme en la mañana y prepararme para la jornada, pero una vez entrando al lugar, desaparecía todo lo que me causaba malestar. Desgraciadamente, al salir mi mente regresaba a esa otra realidad.

Salía del trabajo, tarde otra vez, llegaba a mi casa y me tiraba en el colchón, permanecía tirado mientras me decía a mi mismo:

"Ya nada más te falta el resto de tu vida, ¿qué será de ti en unos años?"

Y aquí estoy, sin haber llegado ni a la mitad del resto de mi vida. Quisiera regresar a aquellos días, quisiera ayudarme a sentirme mejor, decirme que las cosas no siempre serán así, que las cosas suelen ir mejor.

Decirme que siempre podrá ser peor.


*Normalmente es el tipo de cosas que decido no publicar, una vez que termino de escribir se va a la basura o se queda en forma de un borrador eterno que jamás verá la luz. Pero no sé, se salvó del olvido esta vez.

martes, 3 de noviembre de 2015

Escapar de noche.

Octubre no fue eterno, el mes favorito se fue como arena en mis manos.

He estado con la mente en tantas cosas, que había olvidado que amo esta época del año, lo bien que me hace sentir, lo bien que me la paso y lo mucho que disfruto paseando por el distrito Colón en esas calles llenas de luces tristes y árboles calvos.

Me encanta sentarme en la barra de algún bar, solo, en silencio, mientras miles de ideas se revuelcan en mi cabeza. Pensando que mis problemas no serán tan importantes hasta que me encuentre en algún abismo, pero más que nada, pensando en la mejor forma de evitar el abismo aunque estemos encantados de no alcanzar a ver el fondo.

Casi siempre la manera es la misma, nublar todo con alcohol para poder perder al malo de la mente, que se pierda por un rato, no importa que regrese después, que lo haga cuando quiera, pero no en ese momento. De todos modos el remedio se repite y termina olvidando su objetivo.

Qué bonito se ve todo, lo malo es que también olvido que para estas fechas, algo de angustia y depresión disfrutan de acompañarme en esos momentos tan agradables.

Creo que no tengo problema con eso, de otra forma no estaríamos completos. 


miércoles, 21 de octubre de 2015

No te vayas al bosque.


No entendía nada.

Hasta hace poco era muy feliz (o algo parecido), sentía que todo estaba bien, tan bien que era extraño. No miento cuando digo que ni siquiera recuerdo cuándo había sido la ultima vez en que me había sentido tan bien (la situación es tal, que llegas a un punto en el que empiezas a dudar de tu supuesta felicidad, no sabes si te estás sintiendo bien o sólo estás dejando de prestar atención a otras cosas que te podrían agobiar).

Todo fue tan rápido, que ni siquiera me di cuenta de que eso fue hace un par de meses.

Me pasa que siento estar en la cima, que no tengo nada por lo que deba estar inquieto. Tengo amistades que saben convivir conmigo (no cualquiera), mi familia manejando mi lado oculto, un trabajo que me hace ver lo bueno que soy como profesional.

Eso tan pequeño que sigue siendo mi todo.

Mi todo, que al mismo tiempo es nada.

Un momento en el que mi mayor preocupación era el no saber qué tomar para emborracharme el fin de semana o no poder decidir con cuál mujer sería mejor pasar la noche.

Ustedes saben, cosas así bien vergas que te hacen pensar que todo está bien vergas, que la vida es bien bonita y que no se trata de nada más que estar fuera de la realidad cada vez que sea posible, trabajas, te pones ebrio, te coges a una, trabajas, te pones ebrio, te coges a otra, trabajas, así, hasta que te das cuenta de una cosa:

Todo está ahí, todo es igual, nada cambió.

Llego, pongo Right Where It Belongs, me tiro en mi cama y me pongo a pensar.

¿Qué pasa?

¿En verdad tenemos algo? Aunque lo tengas, nada es importante.

¿Qué hace todo tan diferente?

Es ahí, cuando muy pendejamente piensas que tienes todo y luego sigue el putazo que te da tu mente.

Eso a ti no te importa, no eres así, nunca has sido así.

Entonces te das cuenta de que has intentado de todo para encontrarle un poquito de sabor a esta cosa tan horrenda. El aislamiento no funciona, salir con gente a la que no frecuentas, tampoco funciona, salir con desconocidos empeora las cosas.

¿Les ha pasado?

Después pienso que me tardé TANTO en entender las cosas. Una persona, antes muy querida y entrañable, me dijo:

"Vive el momento, disfruta esto."

Era la misma persona que estaba a punto de terminar con ese momento, así tan querida y entrañable, así se esfumó.  Eso me marcó bastante, palabras tan certeras, algo tan bueno y malo a la vez, porque aprendes a desprenderte de las cosas, bueno porque ya nada te lastima, malo porque así como ya no existe lo malo, las cosas agradables también dejan de existir.

Todo es tan insípido, todo es tan insoportable, todo es tan efímero.

Estoy tan condenado a vivir.