lunes, 1 de agosto de 2016

Hombre en la caja.

"Ya por favor, déjame ser feliz."

Qué horrible se lee eso, ¿no?

Es horrible ver cómo nuestra felicidad muchas veces depende de otras personas, es algo tan sencillo, tan tonto y tan simple.

Me he alejado de las personas que de alguna manera afectaban mi tranquilidad, es algo hermoso, ¿saben? Se trata de estar cerca de las personas que te hacen sentir a gusto, hasta en los momentos en los que no hay nada que decir.

He cambiado un poco mis hábitos y puedo decir que ya todo se siente diferente, he rechazado mi expresión de "qué hueva" y hago las cosas con gusto.

Tengo más apertura al momento de relacionarme con gente nueva, al principio todos me siguen cagando igual, pero ya no tanto como antes. Eso no significa que disfrute de la compañía de otros.

¿Sigo bebiendo igual? Sí. ¿Lo sigo disfrutando? Sí. ¿Lo voy a dejar? No creo.

Mi tolerancia a los pendejos es cada vez menor, perdón, pero así nací.

Odio a las mentirosas, odio a las que me quieren ver la cara de pendejo y que siempre lo logran.

Odio a la persona que me haces ser cuando estoy contigo.

Necesito que en esta ciudad existan más bares con barras bonitas.

Ya estamos en agosto, qué barbaridad.